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La ciudad 10: Decálogo para nuestras ciudades

Artículo visto en elmundo.es.

Con motivo del Día Mundial de las Ciudades, que convoca las Naciones Unidas el 31 de octubre de cada año, desde la Fundación La Casa que Ahorra reflexionamos sobre cómo deben ser, qué servicios deben ofrecer y cuál debe ser el camino a seguir por nuestras ciudades para avanzar hacia espacios confortables, saludables y seguros,  a la vez que amigables y motivantes para sus ciudadanos.

Según los datos aportados por la ONU, su crecimiento provocará que, en 2050, el 67% de la población mundial vivirá en una ciudad, o lo que es lo mismo, 2 de cada 3 personas residirán en urbes cada vez mayores. Este es otro aspecto a tener en cuenta, ya que el 14,4% lo hará en megaciudades con más de 10 millones de habitantes.

1. Una ciudad baja en carbono – La lucha contra el cambio climático requiere del esfuerzo conjunto tanto de entidades públicas y privadas como de los ciudadanos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan los desórdenes atmosféricos y climáticos. En las ciudades, especialmente, se debe prestar especial atención a determinados sectores difusos, como la edificación y la movilidad, en los que resulta clave reducir su consumo energético y las emisiones asociadas, apostando por reducir sus necesidades energéticas, haciendo más eficientes los parques inmobiliario y vehicular, e incrementando el uso de energías de origen renovable. En la edificación, los edificios de energía casi nula contribuirán a alcanzar ciudades y economías bajas en carbono.

2. Una ciudad saludable –El medio ambiente que nos rodea es un factor determinante para nuestra salud física y psíquica. Vivir en presencia de ruidos, expuestos a la contaminación del aire o en condiciones de temperatura y humedad inadecuadas en nuestros lugares de trabajo y hogares pueden agravar o ser origen de problemas de salud.

3. Una ciudad que no sea vulnerable a sufrir pobreza energética – La energía es un recurso fundamental para las familias, necesarios para usos tan elementales como la cocina, la higiene, la iluminación, las comunicaciones o, especialmente, la climatización de los hogares. Las ciudades deben avanzar hacia edificios que faciliten que la energía sea un bien accesible y asequible para todos los ciudadanos, es decir, hacia edificios que protejan nuestra salud independientemente del nivel de renta.

4. Una ciudad segura y resiliente – Los fenómenos climáticos extremos, las inundaciones o los incendios son catástrofes capaces de ocasionar graves daños humanos y materiales. Habitar en ciudades que se cimenten bajo requisitos exigentes como la protección contra el fuego, siendo compatible con la eficiencia energética y la protección a la presión acústica, aumentará la seguridad y la resiliencia de todos los ciudadanos frente a las graves e inevitables consecuencias del cambio climático.

5. Una ciudad accesible – Una ciudad moderna debe ofrecer mecanismos para que todos sus ciudadanos puedan disfrutar de sus servicios de forma plena, propiciando una sociedad igualitaria en oportunidades para todos e inclusiva. No podemos olvidar un efecto como el envejecimiento de la población, y en concreto la 3ª Edad, por lo que debe avanzarse en adecuar los edificios y el entorno urbano de modo que garanticen una accesibilidad sensorial, motriz y cognitiva. Los procesos de rehabilitación de edificios y de regeneración urbana deberán actuar en la mejora de la accesibilidad, pero sin olvidar la calidad de vida en el interior de los espacios habitables

6. Una ciudad con un modelo de movilidad sostenible – Una movilidad basada en priorizar y adaptar la ciudad al uso del coche privado tiene nefastas consecuencias en términos de contaminación atmosférica, ruido, ocupación del espacio público y/o de convivencia con otros medios de transporte. La apuesta por el transporte público, los espacios peatonales o la bicicleta así como la introducción de alternativas de uso compartido del coche como el carsharing o la apuesta por vehículos “limpios”, son la oportunidad para alcanzar ciudades que dejen de estar diseñadas por y para el coche privado y pasen a ser ciudades para las personas. El urbanismo y la nueva edificación tienen mucho que decir al respecto, donde elementos como el vehículo eléctrico necesitarán de una edificación preparada para la generación de energía y la recarga de los mismos. Pero no nos olvidemos de adaptar lo existente…

7. Una ciudad integrada en su entorno – Las ciudades modernas deben crecer y evolucionar en armonía con su entorno geográfico, incorporando en su planificación urbanística los elementos naturales que forman parte de ella como ríos, playas, y otros accidentes geográficos. La integración de elementos naturales en las infraestructuras que componen la ciudad y la aplicación, entre otros, de criterios de arquitectura bioclimática en nuestros edificios, permitirán mejorar la calidad de vida y mejorar la biodiversidad urbana.

8. Una ciudad eficiente en el uso de recursos – Aprovechar los recursos naturales “no finitos” y apostar por una economía circular también es una cuestión que corresponde a las ciudades. Minimizar el uso de aquellos que se requieren para el desarrollo urbano y realizar un uso más eficiente de los mismos es el camino para avanzar hacia ciudades basadas en una economía circular. La edificación ha desarrollado un gran potencial en este aspecto, aprovechando recursos como las energías renovables o las aguas pluviales, apostando cada vez más por erradicar el uso de materiales de origen finito y/o incorporando el reciclado, además de contribuir así a una mejor gestión de los residuos.

9. Una ciudad conectada con sus ciudadanos – Cada vez los ciudadanos demandan canales que les permitan ser parte activa de la planificación del entorno urbano. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación permiten usar canales que, por un lado, informen en tiempo real sobre la calidad del ambiente urbano y sus servicios y que, por otro, ofrezcan vías de opinión y participación para los ciudadanos.

10. Un urbanismo adecuado – Cada vez más se sustituye a una población más estable por otra flotante, o turística, y que convierte el centro neurálgico en un área puramente comercial, no de vida cotidiana. Algunos lo denominan gentrificación 2.0 o turistificación, y es ya una realidad en muchas ciudades. Algunos aportan datos de hasta un 70% en algunas de ellas. En ausencia de una regulación en materia legal y fiscal, muchas viviendas se están convirtiendo en hoteles o residencias, con las consecuencias urbanísticas que ello trae consigo, tanto por lo que respecta a la escasa calidad edificatoria para un ocupante temporal no exigente, como de servicios o instalaciones que se requieren. Ello, tiene efectos colaterales como la movilidad inter-urbana y el crecimiento  otras ciudades para acoger a los “expulsados”.

Este decálogo no es una quimera que sólo sea alcanzable por las ciudades del futuro. Tenemos las herramientas y la capacidad de que nuestras ciudades sean ya así. Los materiales y técnicas de construcción actuales posibilitan conseguir edificios de energía casi nula e incluso de energía positiva. La arquitectura bioclimática, las energías renovables, los avances en automoción, la ecoinnovación o la domótica están a nuestro alcance para establecer estrategias y desarrollar planes que avancen hacia ciudades más sostenibles, saludables, confortables, seguras y que, sobre todo, mejoren nuestra calidad de vida ¿comenzamos?

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