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Día Mundial de la Reducción de las Emisiones de CO2

Y yo, ¿qué puedo hacer frente al #cambioclimático?

Un año más, el 28 de enero se celebra el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2, una Jornada que debería servirnos para reflexionar, sensibilizar y tomar conciencia individualmente sobre algo que nos atañe a todos: la preservación de nuestro planeta a través de la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero y minimizar sus consecuencias.

Una de ellas, la más mediática, es el cambio climático, un fenómeno presente en nuestro día a día, y sobre el que existe un amplio acuerdo sobre que para abordarlo se debe avanzar hacia una economía descarbonizada. Evitar un escenario futuro en el que el calentamiento global supere los 2oC respecto a los niveles pre-industriales, dependerá mucho de un compromiso internacional, abordado sin ambigüedades ni miedos desde el ámbito político y social. Por ello, las cumbres del clima y los acuerdos y compromisos internacionales como el protocolo de Kioto o el mucho más reciente Acuerdo de París,  nos trasladan verdaderamente a una estrategia global, planetaria, inclusiva y ambiciosa. A nivel país, no pueden existir ni las medias tintas ni un “ya lo haré mañana”.

Sin embargo, las grandes estrategias deben convertirse en gestos, acciones y políticas, que pasándolo de escala internacional hasta nuestro país, nos deben hacer reflexionar sobre ¿Cómo podemos lograrlo? La respuesta más lógica sería pensar que actuando en todos los sectores y con una estrategia conjunta, dado que nuestras actividades, los productos y los servicios que realizamos, consumimos y demandamos tienen un impacto directo en el consumo energético y en las emisiones de CO2 asociados. Por ello, es inevitable que se esté trabajando en la aprobación de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que pondrá en la mesa la hoja de ruta y un marco reglamentario para las próximas décadas y que determinará, con mayor o menor profundidad, el devenir de muchos sectores productivos en nuestro país para alinearse con el problema global. Sin lugar a dudas, esa futura Ley deberá conseguir un consenso político, también social, y no dejar de lado a la economía productiva, para que así nos veamos reflejados todos y empujar en la misma dirección. Pero ya nos llegará…

Cuanto más descendamos en la escala, o ámbito de actuación, llegamos hasta nuestra propia ciudad o incluso barrio, y más conscientes seremos de que los productos que consumimos o los servicios que demandamos tienen un impacto. Por ejemplo, los problemas de contaminación atmosférica que se dan en las grandes ciudades son palpables, empeoran la calidad del aire de forma evidente, se puede observar y tienen un impacto directo en el ciudadano, que visualiza las consecuencias. Ser consciente de ello probablemente nos invite a modificar nuestros patrones de comportamiento y nuestras pautas de consumo. Serán estas acciones a pequeña escala las que nos harán visualizar que gran parte de la ciudadanía no tiene tan claro que su actuación individual tenga impacto en una cuestión global. Esto es lo que necesitamos revertir.

Y he aquí la gran pregunta, la que hemos de respondernos todos y cada uno de nosotros, más allá de las imposiciones y/o restricciones legales y/o normativas que nos impongan: ¿Cómo podemos cambiar las cosas como individuos?

Tenemos varias opciones. Podemos trabajar por cambiar la legislación y presionar a los decisores políticos de nuestra localidad, región o país para que modifiquen el marco legislativo. Esta es una vía abierta que, a través de procesos participativos, reuniones, sugerencias, etc… nos permite incidir y promover cambios, tanto de forma individual como a través de aquellas entidades en las que trabajamos o a las que pertenezcamos de forma voluntaria. Estos procesos tienen unos procedimientos y plazos a los que debemos ajustarnos y, por lo general, no garantizan el éxito, al menos a corto plazo, aunque consigan cambios importantes en el medio y largo plazo… y desgraciadamente, acostumbran a finalizar en el típico “palo-zanahoria”, dónde se nos imponen acciones -a veces de modo punitivo- y nuestra respuesta es esperar que nos ayuden a implementarlas. Es por ello que debemos tomar a nivel individual el timón de nuestra situación.

Por otro lado, tenemos una vía mucho más rápida de cambiar las cosas, de influir y de hacerlo de forma directa, perfectamente compatible con la anterior. Es tan sencillo como cambiar nuestros patrones de consumo y nuestros hábitos, a través de pequeños gestos o bien a través de decisiones de mayor calado, pero pensando en qué planeta queremos habitar y en qué planeta queremos dejar a nuestros sucesores. Y eso, lo podemos hacer desde hoy mismo.

En el día Mundial de la Reducción de las Emisiones de CO2 podemos plantearnos cómo actuar en este sentido. ¿Y si cambiamos algo de lo que estamos haciendo ahora? ¿por dónde podemos empezar? Se nos pueden ocurrir muchas opciones, pero os proponemos una: ¿y si empezamos por el lugar que nos cuida y protege y dónde viven nuestros seres queridos? ¿y si miramos a nuestra vivienda? ¿por dónde podemos empezar a actuar para contribuir a lo que se promueve en un día como hoy?

Parece razonable actuar en los edificios, responsables de hasta el 40% de las emisiones que se producen en la Unión Europea. La actuación puede pasar por cambiar nuestros hábitos de uso de la energía, pero también podemos decidir mejorar nuestra vivienda apostando por la rehabilitación energética y lograr que apenas demande energía (e incluso la produzca), reduciendo al máximo sus emisiones de CO2, haciéndola eficiente y resiliente.

La actuación está en nuestras manos, revierte en un beneficio inmediato para nosotros en términos de salud, bienestar y confort, tiene una incidencia directa en la mejora de la calidad ambiental de nuestras ciudades y contribuye a la reducción global de las emisiones y del impacto del cambio climático. Quizás sea un buen punto de partida para a partir de lo más local, que es nuestra vivienda, mejorar lo global, nuestro planeta. Cuida el espacio que habitas, éste te cuidará a ti y mantendrás habitable tu planeta.

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