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¿Tienes claro cuánto te cuesta vivir en tu casa?

Albert Grau, gerente de la Fundación La Casa que Ahorra

Desde el año 2013 está regulada la eficiencia energética de los edificios, lo que conocemos comúnmente como etiqueta energética. Esta etiqueta que vemos en muchísimos electrodomésticos y que muchas veces nos hace decidir cuál comprar, e incluso nos dan subvenciones si son A++, también la debería tener nuestra vivienda, o aquella que queremos comprar o alquilar. Porque no debemos olvidar que se trata de una potente herramienta para aumentar el valor de nuestro inmueble. Por tanto, la mayor inversión que muchas personas realizarán a lo largo de su vida, ya cuenta con un sistema de información para saber lo que nos va a costar usarla. ¿Pero realmente le damos el valor que tiene a esta etiqueta? Una vez instalados allí, ya no deberíamos encontrarnos con la sorpresa de que el coste energético de vivir en ella provoca desajustes en nuestra “equilibrada” economía familiar.

Ante esta situación, nos preguntamos: ¿quién compraría un coche sin conocer su consumo? Probablemente nadie, y eso que es una inversión que implica unos gastos de manutención elevados, tiene una vida útil mucho menor que una vivienda y en algunos casos se pasa semanas sin ser usado. Ante ello, y dado que el consumo y las emisiones de CO2 de los turismos ya están regulados desde hace 14 años, los fabricantes compiten día a día para ofrecernos mejores prestaciones con menor consumo y así tener otro argumento para incrementar sus ventas. Entonces, ¿por qué no hacen lo mismo los promotores de viviendas? Tendría una cierta lógica, ¿no?

Por eso quiero reflexionar sobre aquellas medias verdades socialmente aceptadas y que hacen que tomemos decisiones más impulsivas que reflexionadas, y con criterios de notoriedad y prestigio, más que de confort y seguridad. Hubo una época, en que tener un coche era símbolo de status social y todo valía, pero ahora, el acceso a un buen coche es casi universal, por lo que deberíamos pensar mucho más en el lugar en que vivimos, y pensar que invertir en eficiencia energética es invertir en calidad de vida.

En este punto creo que es conveniente detenernos y ver las diferencias de nuestro comportamiento al enfrentarnos a la decisión de compra de una vivienda versus la compra de un automóvil.

  1. Cuando realizamos la compra de una vivienda, en condiciones normales su valor de mercado se mantiene, pudiendo incluso crecer. La vivienda se revaloriza.
    En el caso de un automóvil, en el momento en el que nos lo llevamos del concesionario, pierde su valor a razón de un 10%, pero el primer año entre un 20 y un 30%.
  1. Nadie pregunta por el consumo de la vivienda, aunque el vendedor nos debe informar mediante un certificado energético (similar al que presenta una nevera o cualquier otro electrodoméstico).
    En los automóviles no hay certificaciones energéticas que sirvan de modelo de referencia, simplemente se dispone de las informaciones de fabricantes que no siempre son fiables como ha pasado últimamente.
  1. En la vivienda no tenemos información instantánea sobre la energía que estamos gastando. Consecuentemente, no podemos adaptar el consumo. Hoy en día están apareciendo apps que permiten “leer” nuestros contadores online, pero su uso es casi inexistente.
    En los automóviles podemos adaptar nuestra conducción en base a la información recibida por el ordenador de a bordo, reduciendo el consumo. Todo somos Carlos Sainz sabiendo cuál es la mejor “marcha” en todo momento.
  1. La factura energética media de una vivienda difícilmente supera los 1.500 euros mensuales. En zonas muy frías, podemos llegar a 2.000 euros.
    En un automóvil, a un ritmo de 20.000 km/año, unos 1.800 euros.
  1. Cabe preguntarnos, ¿hacemos mantenimiento de nuestra vivienda? Realmente muy poco. Invertir en una adecuada rehabilitación mejora la vivienda y su habitabilidad y calidad de vida interior, además de reducir la factura energética.
    En un automóvil hacemos una revisión anual “oficial” que pocas veces cuesta menos de 300 euros. Paradójicamente, no se mejora el coche, simplemente se hace para que no empeore y no gaste más en combustible.
  1. En las viviendas no invertimos en seguridad y salud. Solo aumentamos combustible para intentar conseguir condiciones de temperatura razonable, que en algunos casos no es suficiente para nuestra salud.
    En un automóvil la seguridad y la salud es crítica: cambiamos religiosamente los neumáticos cada 2 años. A razón de 100 euros cada uno, ¿alguien hizo números?
  1. Vivimos en las mismas viviendas de hace más de 30 o 50 años, pero han aumentado mucho los consumos y las emisiones, ya que en la sociedad del bienestar hemos decidido tener calefacción y en algunos casos aire acondicionado.
    Sin embargo los coches pasan la Inspección Técnica de Vehículos (ITV), y si emitimos más gases de los debidos, reparamos urgentemente o nos inmovilizan el vehículo.
  1. Las viviendas nuevas son cada vez más eficientes, y por ley en 2020 prácticamente dejarán de consumir. Pero solo las nuevas…
    El sector del automóvil camina hacia un escenario cada vez más eficiente: vehículos eléctricos, combustibles alternativos, coches híbridos…
  1. Los que viven en edificios plurifamiliares saben lo difícil que es plantearse una rehabilitación a fondo de su edificio, pues es una decisión NO individual.
    La decisión de compra de un vehículo siempre es personal (a lo sumo en el seno familiar) y mayoritariamente por criterios subjetivos.
  1. El edificio envejece, y a duras penas nos planteamos darle una mano reparando desconchones y pintando, cuando lo que habría que hacer es aislarlo adecuadamente para evitar patologías y mejorar el confort interior.
    El coche va envejeciendo y por tanto, toca cambiarlo. No se debate sobre ello. Lo tenemos interiorizado.
  1. Pocas viviendas tienen aire acondicionado, pues hasta hace poco era considerado un “lujo”.
    Todos los coches de 10 años hacia aquí, tienen aire acondicionado y/o climatizador.
  1. No invertimos en rehabilitar la vivienda con criterios de eficiencia (no supone ni el 3-4% de su valor y es una vez cada 30 años)
    No toleramos rayones en los coches (para ello pagamos cada año un seguro que es equivalente al 5% del coste del coche nuevo)
  1. Una rehabilitación para mejorar la letra de la etiqueta, normalmente recibe subvenciones del 30% y que pueden llegar al 50%.
    Cuando te quieres cambiar el coche, te “premiaban” hasta el verano de 2016 con 1.000 euros por el plan PIVE, lo que sobre el valor de un coche medio ni representa el 8%.
  1. Conocemos lo que nos cuesta el confort cuando nos llega la factura. Es un gasto periodificado en “cuenta corriente”. Y normalmente, al recibirla, ponemos el grito en el cielo…
    Gastamos a razón de pequeñas cantidades llenando depósitos… pero no somos conscientes del acumulado mensual o anual. Es un capricho de “bolsillo”.
  1. Las personas pasan muchas horas de su vida. Una vivienda más eficiente no solo gasta menos, también aporta mayor calidad de vida.
    El coche es un medio de transporte y el tiempo del que se disfruta es mucho menor.

www.lacasaqueahorra.org

Para más información:

Servicio de Comunicación para Fundación La Casa que Ahorra

Victoria Herreros prensa@lacasaqueahorra.org

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