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  • La Fundación opina

    ¿Tienes claro cuánto te cuesta vivir en tu casa?

    Albert Grau, gerente de la Fundación La Casa que Ahorra

    Desde el año 2013 está regulada la eficiencia energética de los edificios, lo que conocemos comúnmente como etiqueta energética. Esta etiqueta que vemos en muchísimos electrodomésticos y que muchas veces nos hace decidir cuál comprar, e incluso nos dan subvenciones si son A++, también la debería tener nuestra vivienda, o aquella que queremos comprar o alquilar. Porque no debemos olvidar que se trata de una potente herramienta para aumentar el valor de nuestro inmueble. Por tanto, la mayor inversión que muchas personas realizarán a lo largo de su vida, ya cuenta con un sistema de información para saber lo que nos va a costar usarla. ¿Pero realmente le damos el valor que tiene a esta etiqueta? Una vez instalados allí, ya no deberíamos encontrarnos con la sorpresa de que el coste energético de vivir en ella provoca desajustes en nuestra “equilibrada” economía familiar.

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  • La Fundación opina

    La rehabilitación de la vivienda: otra forma de invertir en la jubilación

    Los análisis que habitualmente se hacen sobre la rentabilidad de una rehabilitación suelen limitarse a comparar el coste de la operación con el ahorro que genera en costes energéticos. Esto plantea un problema: el coste de la rehabilitación es un gasto acotado y puntual en el tiempo, mientras que el ahorro es un beneficio periódico en el tiempo. En definitiva, el factor tiempo acaba tomando especial protagonismo y nos lleva a concluir que la rehabilitación no es para aquellos usuarios que esperen un retorno inmediato, sino para aquellos que piensen a largo plazo.

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  • General

    Nuestras viviendas no nos benefician la salud y nos están convirtiendo en pobres energéticos

    Estamos en invierno y tratamos de abrigarnos con la ropa más apropiada, la que mejor nos aisla, cerramos las cremalleras y no dejamos que el frío entre en nuestro cuerpo. Nadie saldría en pleno invierno sin su abrigo o sin abrocharse y tratar de evitar el contacto con el frío. Si con el abrigo y el resto de ropa no es suficiente, no dudamos en ponernos otra capa de ropa, completar el equipo con guantes, bufanda y gorro o, si todo esto es insuficiente, adquirir un abrigo más grueso capaz de protegernos del frío y estar más confortables.

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